Circulo de Piedras

  • Descripción

    El monumento megalítico es colosal por su tamaño, monumentalidad y alto valor simbólico. Descubierto y excavado por Armando de Soto en 1923 fue publicado por el prehistoriador Hugo Obermaier, que destacó su grandiosa arquitectura y la abundancia de grabados en los ortostatos y estelas reutilizadas, siendo un caso verdaderamente singular en el contexto del megalitismo europeo del momento.

    De manera previa al dolmen se ha documentado en recientes excavaciones arqueológicas la existencia de un círculo de piedras del Neolítico de tamaño y trazado similar al posterior anillo peristalítico. Contaría con un diámetro de 60 m y estaba compuesto por piedras de distintas materias primas y formas: bloques, menhires y estelas-menhires de grauvaca, calcarenitas y conglomerados ferruginosos de tamaños diversos, distribuidos equidistantemente en el recinto megalítico.

    Asociado a este círculo de piedras se han registrado un conjunto de estructuras (cabañas, hogueras, estructuras votivas o rituales) relacionadas con el uso del mismo en el marco de las prácticas ceremoniales, cultuales y astronómicas. Este gran megalito pudo ser un gran santuario para el culto a la muerte, veneración de las “divinidades” y tributo a la memoria de sus ancestros, cuyo uso perduró durante la Edad del Cobre cuando se transformó el monumento megalítico al construirse el gran dolmen mediante la reutilización de los menhires y estelas-menhires neolíticos.

    La erección de un gran monumento que perdura en el tiempo y que integra materiales de tiempos remotos implica la existencia de una ideología y un sistema de creencias compartido, siendo un sitio de referencia territorial para los distintas comunidades que habitaron este territorio y espacio para la celebración de ritos y ceremonias, que incluso pudo perdurar hasta la Edad del Bronce, en el II milenio a.n.e.